"Casi antes de terminar el primer sorbo de té caliente, ya estaban preparando el globo bajo la suave luz de la primavera. Hice este tour con mis padres, y el pequeño desayuno antes del despegue fue un detalle estupendo: sencillo, pero justo lo que necesitábamos a esas horas. Contemplar desde el aire las terrazas blancas de Pamukkale y las ruinas de Hierápolis mientras sosteníamos un vaso de papel caliente fue surrealista. Tuvimos que esperar un poco mientras comprobaban el viento, pero eso nos hizo sentir más seguros. La breve celebración con champán al final, junto con nuestros pequeños certificados de participación, hizo que mis padres se sintieran muy orgullosos y convirtió el madrugón en un recuerdo familiar muy especial."